Pedro Trazoné Luna – Diálogos entre lo apolíneo y lo dionísiaco

Cuando pienso en los artistas contemporáneos, me vienen a la cabeza toda clase de expresiones; colores, tendencias, temperamentos, ideales, argumentos, fantasmas, demonios, alegrías. Y no puedo sino estar seguro de que el arte mexicano en la actualidad, es basto, y prolífico, y tiene voces en rincones que a menudo ni siquiera imaginamos. Puede parecer ingenuo, pero me gusta sorprenderme de  cosas como estas, y verlas como algo totalmente nuevo para mi.

Luego viene el otro lado del arte, no se si sólo sea típico en la música, o por el lado pictórico también suceda. Se trata del “apoyo”, una petición generalizada de los artistas, quizá a órganos gubernamentales, quizá privados, disqueras o museos, editoriales, etc. Sin en cual, pareciera que el trabajo de un artista se ve asfixiado. El “apoyo al arte emergente” sea cual sea el ramo, se ha convertido en una especie de mantra donde el objetivo de todo creador, pareciera condicionar su obra al subsidio, no siendo posible sin el. Mi franca opinión, es que en muchos de estos casos, el arte que consigue patrocinio, ni siquiera es suficientemente bueno, o termina por perder su esencia en cuanto cruza esa línea. La etiqueta de “emergente” me parece cada vez más, una especie de lastre para lo artistas verdaderos. 

En cambio, todo lo vivo y consistente, las creaciones que palpitan y se mueven, que crecen, evolucionan, se transforman, y consiguen contagiar. Se mantienen muy al margen de aquel bullicio mercantil; si no evitando su contacto, por lo menos mantendiendo el curso firme.

Así es como veo yo a Pedro Luna. Lo conocí por amigos en común, pronto me enteré de que tatuaba, y decidí ir a rayarme con el. Esa vez hablamos un poco acerca de música y de ilustración (una de las especialidades de Pedro). Y coincidimos en que a pesar de todo, el arte debe hablar por sí mismo, ser honesto, y especialmente, hacer feliz a su creador.

Pedro Luna en la bateríaPedro Luna y Dante Fonseca

Unos meses después recibí invitación para asistir a la inauguración de su exposición pictórica “Diálogos entre lo apolíneo y lo dionisiaco”  un recorrido por algunas de las obras de Pedro desde el 2009 a la fecha. El 17 de marzo a  partir de las 19:00 hrs. en la galería Kitsch. El evento inaugural contó la presencia de excelentes proyectos de jazz/funk como Los Guarumo, el Trapo Big Band, y la propia participación de Pedro, improvisando al lado de Mark Slap en el bajo y Dante Fonseca (guarumo) en la guitarra.

 

En palabras del propio Pedro Luna, la exposición “Diálogos entre lo Apolíneo y lo Dionisiaco”  intenta demostrar el proceso de creación en el que Pedro ha basado su quehacer artístico; el mismo con que Nietzsche interpretó el equilibrio ideal en las artes. Una dualidad complementaria entre los impulsos nativos y la creación racional, asociación sin la cual toda obra carecería, ya sea de espíritu, o de coherencia. 

Para Pedro, el arte en términos generales, debería estar desatendido de escuelas o preceptos académicos pues, por lo menos en su caso,  la ausencia de compromiso en este sentido permite concebir libre y desenfadadamente sus impulsos pictóricos, e incursionar con soltura en cualquier técnica, material y  estilo que su instinto dicte.

El predominio de ese impulso sin embargo, no debería ser entendido como falta de seriedad  por parte de Pedro; por que es ahí donde Apolo se encarga de poner orden y conducir una pintura que comienza sin certidumbre acerca de la apariencia que deberá tener, por un proceso complejo donde nada es accidental, ni los colores, materiales o líneas; sino el nacimiento completamente racional de una obra de arte.

Es por ello, que los cuadros de Pedro Luna son de una gran variedad, tanto de técnicas, que pueden ir desde el aerosol, y el acrílico utilizados de diversas maneras; como de estilos, desde el predominante street art, hasta pinturas abstractasricas en rojos y amarillos o muestras de Expresionismo Abstracto. A pesar de su gran diversidad, un pulso constante que se manifiesta en gran parte de sus cuadros se encuentra relacionado a la música, particularmente el Jazz,  la segunda pasión de Pedro.

Una segunda interpretación tanto de Pedro Luna artista, como de la exposición “Diálogos entre lo Apolíneo y lo Dionísiaco” va justamente de los comentarios iniciales de esta nota.

Yo lo llamo “orgullo”, algo que en la mayoría de disciplinas artísticas ha llevado a distintas manifestaciones a conseguir dimensiones históricas a lo largo de la humanidad, ese ímpetu desafiante de crear solo por la necesidad de hacerlo, sin importar otra cosa. La naturaleza instintiva de un artista real no es la de condicionar su trabajo a los premios, sino la de crear a toda costa, incluso del bienestar propio. El padecimiento de la realidad, o la carencia  material han sido, en muchos casos el combustible con el que figuras como Poe, van Gogh, Schubert, y cientos más, dieron forma al arte sobre el que se yergue el presente.

Quizá sin saberlo o planearlo, una de las piezas más significativas de la exposición de Pedro Luna, además de la rica sociedad que construyó con la música y  los propios músicos participantes al evento inaugural; es el ejemplo de orgullo y amor al arte que convocó en su inauguración.  Pedro pone claro su punto: lo esencial es el Arte por el Arte; todo lo demás es incidental.

La exposición “Diálogos entre lo apolíneo y lo dionisíaco:Una retrospectiva” se encontrará abierta al público en general hasta el 07 de abril, de las 12 del día a las 8 pm. En la Galería Kitsch ubicada en la calle República de Cuba 12 D (entre eje central y callejón del 57, cerca del metro Bellas Artes) Colonia Centro.  Si tienen suerte podrán encontrarse con el buen Pedro elaborando uno de sus tatuajes.

Ian Islas

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