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Impredecible encanto de dos seres

magnetizados el uno por el otro.

Debería significar el fin de la duda,

principio de placer,

pero hay miedo, miedo de coincidir

tan perfectamente.

Miedo de sumergirse en la locura

de entregarse irremediablemente

y fundirse en ese fuego

que nace espontáneo.

Se puede ver la llama

asomada en sus pupilas,

miradas evasivas,

se acercan para hablarse al oído

y, de modo muy sutil, rozarse con los labios,

apenas percibidos por sus vellos erizados, excitados

de sólo sentir tan cerca su respiración.

M.A.Z.

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