Palabras calladas

Van despacio las palabras callándose

cuando se van topando contra la pared,

se van callando, se van cayendo

quedando por ahí… arrumbadas.

En algún rincón de la memoria se empolvan,

algunas se olvidan, mueren y desaparecen

otras se amargan y, aunque dormidas, permanecen.

Tiempo después resucitan, despiertan;

comienzan como cosquilla molesta,

oprimen el pecho, hacen arder la espalda

o forman un hueco inquieto en el centro del cuerpo.

La sensación se transforma en reacción y

una emoción a veces violenta, a veces sumisa,

a veces triste, a veces tormentosa

se apodera sigilosamente de nuestro ser

y no queremos recordar en qué momento nació

esa desagradable sensación que parece un botón

que una vez tocado nos hace explotar en estallidos intensos,

nos hace dejar de escuchar, de ver, de entender

y nos cerramos frustrados, envenenados de nosotros mismos,

de nuestro pasado, de lo tóxico que se volvió lo que no soltamos,

de aquello en lo que se convirtió lo que no dijimos,

no expresamos, no nos atrevimos, no vivimos.

 

M.A.Z.

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