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No puedo volar sin mi

Mi deseo de un “siempre” es lo que vuelve infinitos mis momentos,
«siempre» como deseo y no como un mañana prometido.
Yo no prometo porque lo que depende de mí, es poco y es demasiado;
soy solamente yo, en medio de las posibilidades infinitas.

Todo lo guardo en mi memoria,
en la memoria de mis ojos cerrados,
en la memoria de mi piel,
en cada línea de cada huella de mis deseos.

En cada mano llevo cinco sueños,
me basta rascarme la cabeza para discernirlos,
abrir los ojos para crearlos
y volver a mis manos para plasmarlos.

Una imagen solitaria me admira de frente;
reflejo consciente que decreta que existo.
Llévame afuera de mi mente y hazme recordar:
que siempre me acompaña mi propia luz,
la familia que conozco y no conozco,
los que me fortalecen, los adoptados,
los que sin conocerme me abren los brazos,
los que saben quién soy.

Surgen los colores de mi interior;
me transformo y sanan heridas,
me miro francamente, me reconozco
y me digo que no pude haberlo hecho mejor.

Si dije adiós, si solté, fue para encontrarme,
para no soltarme, porque no puedo volar sin mí.

M.A.Z.

Imagen de Christine Sponchia en Pixabay

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